La frase de los abuelos y los papás, «No hay tiempo que no llegue, ni plazo que no se cumpla», probablemente comience a ser parte de mi repertorio personal. Hace unos días cumplí 30 años de existir y debo admitir que llegaron con crisis más allá del simple número 30.
No soy nada de lo que aspiraba a ser cuando tenía 10 años, y pintaba en alguna clase cómo me veía en 10 o 20 años más de edad, ni siquiera tengo idea de cómo me voy a ver en 1 año y eso me ha llevado a reflexionar que la vida es más complicada cuando idealizamos el futuro. A ver, quién no ha idealizado la pertenencia de cosas materiales, de la famosa estabilidad financiera, viajar, conocer a la persona de película con la que te casas y eres feliz para siempre, mentiros@ quien diga que «Yo no».
Tomemos de ejemplo las películas románticas. Plantean en la gran mayoría la misma trama, un hombre dueño de la mitad de la ciudad, proveniente de una familia de abolengo, casi real, y con la cara/cuerpo de un dios del olímpo; la mujer que también parece salida de un concurso de belleza, que no tiene riqueza, que trabaja en una cafetería o estudia y SIEMPRE se enamora de ese patético creído protagonista. PAUSA, esos tíos que salen en la romántica historia de amor, nunca trabajan jaja, no van al gym, no se ve que tengan que pagar cuentas, o al enfermarse tengan que ir al seguro para justificar una falta por enfermedad, es más, siempre lucen espectaculares, bien maquillados cuando despiertan. En fin tramas machistas y que proponen «cómo se ve el amor».
A lo que voy con el párrafo anterior no tiene nada que ver con un reclamo a la vida porque mi realidad no se haya dado, o no me esforzara durante estos 30 años para vivir como en una película, es mucho más profundo. Los seres humanos anhelamos, derivado de la idealización del todo, el día a día perfecto y eso NO EXISTE.
Hoy, a los 30 años, no fui futbolista, ni político, estoy haciendo algo que NUNCA imaginé y que me enloquece para bien, no estoy casado y tengo 6 hijos, no viajo a todo el mundo cuando quiero, no tengo el Ferrari rojo, de hecho los automóviles me dan igual, no le he comprado a mis papás la casa de sus sueños y ni yo tengo algo propio que me de la tranquilidad de dejar de trabajar el resto de mis días… pero si tengo algo, la crisis de los 30 me llegó a dar un golpe para despertar, para reaccionar de la mano de mis seres cercanos, de mi red de apoyo, un recordatorio para no posponer y dedicarme a lograr MI FELICIDAD, no la del resto. También tengo claro que dejar de centrar mis días en tener que seguir las formas de otros, dejar las frustraciones por no ser lo que algún día pensé que era la felicidad, es quererme; ponerme antes que al resto y entender que si tu familia te dice «¿Qué estás haciendo de tu vida, qué vas hacer mañana que no estemos?», es la forma de decirte «Nos preocupas», todo esto, es vivir y está bien.
Si hoy me preguntaran: ¿Qué pedo con los 30´s? , no tendría una respuesta, pero simplemente diría, que soy nuevo en el club, que el número es solo eso y que me vale 10 hectáreas de pepino si para el resto voy bien o mal.
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